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Intangibles, los olvidados en los Mercados de Abastos

Decir que los Mercados Minoristas tradicionales tienen problemas no es nada nuevo, lo venimos oyendo y repitiendo desde hace ya décadas. Se trata de problemas estructurales derivados de múltiples causas: falta de mantenimiento y adaptación de los edificios, falta de reciclaje profesional de los operadores, realización de una gestión voluntarista y, por supuesto, de una importante resistencia al cambio.




Todos sabemos que las circunstancias cambian porque somos protagonistas del cambio y todos los agentes involucrados en la realidad de los Mercados son conscientes de la necesidad de hacer algo que revierta la situación y se plantean diferentes orientaciones comerciales y de gestión, limitadas por las nuevas normativas que afectan al formato. Pero casi siempre de una manera parcial y desenfocada, como si no se tuviera interiorizado que un Mercado es algo más, mucho más, que la suma de una serie de comerciantes.

Así, la falta de interés por parte de los consumidores, especialmente de los más jóvenes, hacia el Mercado, se intenta paliar con acciones promocionales puntuales, actuaciones coyunturales que evidentemente no logran cambiar ni la situación ni tan siquiera la tendencia y que difícilmente resultan sostenibles en el tiempo ni para los comerciantes ni para las administraciones públicas.

Incluso, cuando se decide abordar la situación en profundidad, y hay excepciones notables, se centran los esfuerzos en los aspectos físicos del Mercado, en su rehabilitación. Pero con demasiada frecuencia se olvida o se rechaza trabajar sobre los aspectos intangibles del proyecto de remodelación y si afortunadamente no es así, los recursos destinados a los aspectos humanos del proyecto -tiempo y dinero- son casi insignificantes en el conjunto.



Orientarse hacia el cliente


Resulta contradictorio porque se declara reiteradamente que el factor humano es esencial en el Mercado y sin embargo no se atienden, o se hace tangencialmente, los aspectos relacionados con la gestión del Mercado y de los negocios que lo conforman, la implementación de nuevos servicios para los clientes, la incorporación de nuevas tecnologías, el marketing, la integración en la vida social y cultural de la ciudad, la Responsabilidad Social Corporativa, la sostenibilidad y sobre todo la implicación de los operadores en el servicio público que tienen la responsabilidad de prestar.

Cuando se aborda la remodelación de un Mercado se evidencia que no es fácil suscitar interés en los profesionales de la alimentación fresca para cubrir los espacios vacantes, y sin estos profesionales el Mercado no resultará atractivo. Se trata por lo tanto de presentar un modelo nuevo, adaptado por supuesto a las normativas sectoriales en el que los operadores encuentren todas las facilidades para desarrollar su actividad profesional, pero sobre todo orientado al usuario, al consumidor, al cliente, al ciudadano, para que adviertan en el Mercado un valor añadido al producto que adquieren.

Este equilibrio entre lo público y lo privado ha de promoverse y desarrollarse en un marco de colaboración entre las administraciones públicas y los operadores organizados, un marco en el que las primeras se aseguren que la inversión realizada en la rehabilitación de los Mercados se conserva de manera adecuada y que el Servicio Público que prestan se orienta al cliente, y en que los segundos se corresponsabilizan de la gestión del Mercado asumiendo el riesgo empresarial que supone acceder a una concesión administrativa.


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